Paseo por la Laguna de Fuente Piedra

El 20 de mayo, armados de prismáticos, telescopios terrestres y cámaras fotográficas nos encaminamos a la Laguna de Fuente de Piedra con idea de ver los pollos de flamenco que nacen en esta época. Estas aves anidan en lugares aislados para evitar los depredadores. Utilizan los restos de diques muros y canales que antiguamente servían para la explotación de las salinas de la laguna. Cada año eligen el sitio, según el nivel de agua y este año tocaba más bien “lejos” porque ha llovido poco. Pero con paciencia y deleite a la vez, conseguimos ver a las crías y obtener las estupendas imágenes que podéis ver aquí.

El avistamiento de aves es emocionante y acompañados de Marta, la extraordinaria guía del Centro de Visitantes, nos acercamos a dos puntos estratégicos para la observación: uno orientado hacia el sitio donde van a beber (agua dulce) y otro hacia la colonia, con los polluelos entre grisáceos y marrones a las patas de sus mayores. Mientras nos aplicábamos a los telescopios y demás herramientas, Marta nos dio un master en “flamencología” y ecología de la zona. Acabamos expertos en Medio Ambiente. Desde aquí le damos las gracias.

También visitamos el Centro con sus recreaciones de flamencos y sus espectaculares -o sencillos según se mire-, nidos, paisaje cuasi-lunar; en cada pequeño cráter un huevo y un flamenco cuidándolo. Luego paseamos por el “laguneto” donde había aves de distintas especies y también flamencos, sin pollos pero esta vez estábamos muy, muy cerca de sus espectaculares alas anaranjadas o rojas y negras.

Un día diferente e inolvidable, en el que no faltó una generosa comida entre “amigos”.

 

Paseo invernal por el Parque de Málaga

Aprovechando una “clarita” que nos había prometido la previsión meteorológica , el 12 de febrero pudimos realizar una magnífica visita al Parque de Málaga acompañados de nuestro amigo Miguel Ángel Peláez, gran conocedor del Parque y excepcional acompañante.

Después de una breve y amena introducción sobre la creación del parque y sus avatares en los últimos ciento veinte años, provistos de los planos y la relación de árboles que nos había facilitado, pudimos contemplar con detalle el Parque que estaba para la ocasión “recién regado”.

Hicimos el recorrido de ida y vuelta y para finalizar cruzamos el Paseo para ver “la otra parte” de nuestro Parque de Málaga rodeada de los extraordinarios edificios del Paseo de Cervantes.

Hay tal variedad de árboles, palmeras y plantas que incluso en invierno, vimos ejemplares con flores y de los que no las tenían nos llevamos anotado cuándo volver para verlas en su mejor esplendor.

Una deliciosa mañana de invierno.

Vivir a la sombra de un árbol: Colegio de Arquitectos de Málaga

Un numeroso grupo de “amigos del jardín” subimos las cuestas de “El Limonar” el 14 de enero para apreciar el gran regalo que para nuestra ciudad dejaron el arquitecto Fernando Guerrero Strachan y la familia Bolín que le había encargado este edificio de 1924, ,ahora sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Málaga.

El edificio es singular por su aire “norteño” y por su maravillosa escalera de inspiración renacentista, eje vertebrador del conjunto. como muy bien nos explicó la doctora Carmona (Pepi para los “amigos del jardín”), una autoridad por su tesis doctoral sobre el renombrado arquitecto.

De su mano conocimos que el autor utilizó elementos estilísticos de diferentes épocas  y de edificios singulares de las tres culturas que conocía en persona de Toledo Granada y otros puntos.  Conviven por tanto en el edificio diferentes tipos de arcos y de bóvedas, armadura mudéjar con grutescos y elementos decorativos vegetales.

Rodeamos el edificio para apreciar el juego de volúmenes espectacular en el que destaca la torre como elemento dominante. Volumetría con mucha gracia que juega con los tejadillos intermedios y superiores de teja árabe vidriada en negro, verde y blanco.

En los jardines, apetece dar un paseo tranquilo por los senderos en esta mañana primaveral en otoño. En el lago vemos “La Sirenita” de Jaime Fernández Pimentel, de 1933.

Nos detenemos para diferenciar las palmeras datileras de las canarias y las washingtonias filíferas de las robustas, el pino canario del carrasco y del piñonero y las casuarinas femeninas de las masculinas.  Nos acompañan pavos reales y ardillas que por allí andan sueltos.

Nos gustó a todos ver tantas flores en invierno y sobre todo la pérgola de la cafetería donde cuelga, echando fuego, una espectacular Pyrostegia venusta (llamada también fuego de Venus o trompetero naranja o bignonia de invierno).

Gracias al Colegio de Arquitectos por las facilidades que nos dieron para realizar esta visita que nos ha permitido disfrutar, aprender y alejarnos del estrés habitual, entre “amigos”.

Paseo otoñal por el Jardín Botánico de la UMA

l1090760A pesar de la amenaza de lluvia, un grupo de valientes “amigos” realizamos una visita al Jardín Botánico de la UMA el 26 de Noviembre, teniendo como anfitriona y cicerone a María del Mar Trigo, profesora titular de la Universidad de Málaga y “amiga del jardín” que no se arredró ante la meteorología adversa y a la que agradecemos su excelente disposición y lo mucho que disfrutamos con esta visita.

 

l1090773Se concibió el jardín como nazarí y de esa idea quedan sus paseos de ladrillo y azulejería, la alberca, la fuente y sus canales de agua. En el centro el umbráculo, una cúpula de láminas de hierro que suaviza la temperatura de su espacio interior.

 

En la parte elevada gozamos de una magnífil1090784ca perspectiva sobre todo el arbolado que luce sus mejores colores de otoño. Allí arriba se encuentra el Jardín de Suculentas, plantas de interesante evolución que surgieron por adaptación al medio. Algunas primitivas retienen el agua en las hojas que desaparecen y se recuperan en función de la escasez o abundancia de la misma. Entre ellas, la Aulluaudia ascendens, que vemos en la foto.

 

Podemos comprobar in situ cómo se reproducen los cactus. El viento o el peso provocan la caída de trozos al suelo que echan raíces y así continúa su ciclo.

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En la zona canaria conocemos que nuestro “quejigo andaluz” se llama quercus canariensis por haber sido en Canarias donde se describió y se le dio ese nombre. Cuando completamos nuestro paseo, acabó también la tregua que la lluvia quiso darnos para que pudiésemos disfrutar de esta jornada.

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